CONSTANTE NOSTALGIA

No significas nada más. 

Te deseo
pero no te besaría.

Te espero
pero no te buscaría.

Tu existencia justifica
mi constante nostalgia,
mi profundo anhelo.

¿Qué sería de mí
si te olvido?

¿Qué sería de mi
si te encuentro?

ES CULPA TUYA

¡Qué injusto!

Tú vas desprendiendo ese encanto,
eclipsándome con tu sonrisa.
Me cautivas con cada palabra,
con cada gesto,
te acercas y te alejas a tu antojo,
me miras a los ojos,
me saludas y te despides.
Dejas tu huella y luego desapareces.

¡Qué injusto y qué fácil es para ti!

Lo difícil es guardarme para mí sola
cada instante,
callar cada latido y mantener distancias.

Qué injusto y qué difícil es para mí
callar mientras tú gritas todo ese deseo.
Pero no quiero quedármelo para mí sola,
no, esto es culpa tuya.

DESEO

¡Qué sensación!

Lo percibo en el aire,
me roza la espalda,
se asoma en los gestos.

Me habla con los ojos,
resuena desde lo más hondo.

Está en todo,
habita en todos...
y, sin embargo,

solo deseo atraparlo
y dártelo a ti.

EL AFILADOR DE RECUERDOS

A primeras horas de la mañana, recostada en la cama, despeinada y con los ojos a medio abrir, escucho una melodía encantadora, de esas que se pegan sin pedir permiso. Proviene de la calle. Alguien la hace sonar una y otra vez, como un eco persistente. Con cada segundo que pasa, parece acercarse un poco más.

Es el joven afilador de cuchillos, empujando su vieja bicicleta y soplando su flauta de pan. Hacía mucho que no lo escuchaba. Y no puedo evitarlo: esa melodía, tan particular, siempre me transporta años atrás, a otra vida, a otro lugar, cuando cada mañana me asomaba a la ventana solo para verlo pasar y tocar.

EN VERANO TODO ES DISTINO

Es realmente increíble tener la posibilidad de pasear por la playa durante el frío invierno, abrigada hasta los pies, sintiendo la arena húmeda bajo los pasos y el mar en calma acariciando la orilla.

Esa simple escena te devuelve la consciencia del tiempo: ayer caminabas descalza, con el cuerpo (semi)desnudo bajo el sol, y hoy te vigilas con cuidado para que el agua no alcance tus zapatos.

En verano, todo es distinto.
O en invierno, según cómo se mire...

LLUEVE SOBRE MOJADO

A veces el mundo se siente ajeno.

Un día te levantas y todo pesa. Nada es como debería ser, los engranajes no encajan y tú no sabes quién eres. Pero no puedes quedarte quieta. Un impulso sin razón aparente te mueve y, de pronto, te cruzas con una sonrisa y te ríes.

La felicidad se cuela, una tregua breve en la tormenta, una ilusión que te sostiene, que te hace creer que todo puede funcionar, y entiendes que, aunque no seas quien crees que deberías ser, encajas, imperfecta y real, en este mundo en el que también llueve sobre mojado.

AMARTE

Amarte
hace que mire la vida
y me dé cuenta
de que son dos pinceladas,
dos espacios,
dos tiempos:
uno, el de antes,
otro, el de después.

En medio,
el instante inabarcable
de quedarme
toda la vida
contigo.

BESARTE

Recuerdo aquel día
como si fuera ayer.

Me hablabas, entusiasmada,
y yo dejé de escucharte.

Estabas allí, sentada,
con la calma en los hombros
y una sonrisa sin esfuerzo.
Yo, también sentada,
pero rígida, distante,
invadida por el vértigo extraño
de no querer rendirme,
de no lanzarme hacia ti.

¿Me perdonas?
Solo podía escuchar
tus labios.