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martes, 26 de enero de 2010

Miranda

Usaba gafas de pasta de color negro, que resaltaban a causa de su palidez enfermiza, y que hacian de ella una persona poderosamente interesante. Debajo de su horrorosa bata de flores, vestía una camiseta blanca de algodón muy antigua, que ocultaba su extrema delgadez, ésta le cubría desde su delicado fino cuello hasta sus inexistentes nalgas. Se había puesto un gorro de paja que le rezagaba del fuerte sol que caía, y bien sonriente sujetaba con ansia la regadera de color naranja fosforito que tanto le gustaba. Dejaba caer el agua sobre sus flores con tal delicadeza que en cualquier momento podías imaginar que ella se estaba disolviendo entre cada molécula. Se sentía feliz, no entiendo cómo, pero tan solo tenía que observar esa imagen para sentirlo. Conseguía radiar energía positiva mientras su sangre palpitaba a contraconriente, cuando podría ser la persona más infeliz de la tierra.

4 comentarios:

Maria Varu dijo...

con brevedad nos describes una imagen que podemos descubrir en cualquier rincón de nuestro país, quizás porque nos sorprende con su atuendo pero como bien dices no era su vestimenta, ni quizás sus pecualiaridades externas sino que lo que nos atrae es lo que una persona irradia, eso que no sabemos que es pero nos atrae como poderoso imán y eso inexplicable no hay atuendo que lo vista, ni lo fabrique, esa felicidad de los adentros se derrama como el agua sobre los demás... pocas líneas pero sencillamente bonito

saludos Carmen, un abrazo

Magah dijo...

Miranda, un ejemplo... a veces nos quejamos de manera injusta.

Me gusta Miranda.

(Lola)

un abrazo

Rafi dijo...

A mi también me gusta Miranda :D
Me imaginaba la imagen que nos describes a la perfección :P

Anónimo dijo...

el que estava buscant, gracies